La Asamblea General de la CDO tuvo lugar el jueves 9 de marzo en las instalaciones del MiCo (Milano Congressi) con el título "Redescubrir una tarea". La jornada fue promovida en el ámbito del CDO Sharing y se caracterizó por la narración de testimonios excelentes del mundo de la empresa, la cultura, las organizaciones sin fines de lucro (non profit) y la educación, con la participación extraordinaria de Giacomo Poretti. Reproponemos enseguida la intervención de Bernhard Scholz, presidente de la CDO.

Queridos amigos, esta asamblea nuestra se desarrolla dentro del CDO Sharing, el evento que creamos para sostener y promover la comunicación de conocimientos y experiencias. Hoy hemos afrontado –y lo haremos también mañana– muchos temas que se vinculan al contexto en el cual operamos: las nuevas modalidades de trabajar, de producir y de comercializar que nacen de la transformación digital, la economía colaborativa (sharing economy), los nuevos paradigmas de la comunicación, el nuevo bienestar (welfare) y el paso generacional, por citar solo algunos temas.

Estamos convencidos que el diálogo y el intercambio de experiencias son una modalidad fundamental para el desarrollo de una sociabilidad auténtica y de una economía al servicio de todos.

Cada vez nos damos más cuenta de la necesidad de superar actitudes y comportamientos individualistas que llevaron a una disgregación social y a resultados negativos en las empresas y a nivel económico en general. Se vuelve más evidente que allí donde el capital social decrece, disminuye asimismo el capital económico. El término “capital social”, así como el término “capital humano”, pueden ser malinterpretados, pero pueden también indicar que la verdadera riqueza es la humana y social, y que sin ésta no es posible crear riquezas y valores económicos duraderos y equitativamente distribuidos.

Tanto las investigaciones científicas como la experiencia cotidiana de cada uno de nosotros demuestran que la innovación es ante todo un fenómeno social: las cosas nuevas nacen donde las personas se encuentran, se hablan, se confrontan. Es como si el encuentro, de un modo o de otro, redespertase un potencial de novedad aun no expresado.

Pero esta observación nos revela un tramo más general y más profundo: todos los días nos damos cuenta de que las decisiones y los comportamientos de tantos –a nivel político, económico y social– son de naturaleza reactiva; la gente está de tal manera desilusionada y privada de esperanza, tan incapaz de concebir que alguna cosa pueda mejorar, que se vuelven todavía más reactivos y resentidos. Sin esperanza, de hecho, no queda otra cosa que el choque contra todo y contra todos, o la no menos peligrosa resignación. Incluso formas de agregación –formales o informales– que se basan en la defensa de un poder, por pequeño o grande que sea, sobre la defensa de intereses corporativos o sobre la desnuda protesta contra todo, no son de ayuda para nadie.

Los límites sociales, económicos y políticos de la situación actual no se superan tampoco con llamados a la justicia y al orden que no lograrán jamás rasguñar los miedos y la incertidumbre. Lo que hace falta, lo que es posible y aquello que buscamos realizar –humilde, pero decididamente– es el paso de la reacción a la relación: es la relación con los otros lo que me permite redescubrirme a mí mismo como protagonista, seguir con mayor determinación mi deseo de bien, ver la realidad en su inmenso potencial y realizar aquello que puedo, y con ello cambiar lo que sea necesario cambiar.

Dentro de una relación de confianza se vuelve también más fácil encontrar el valor para cambiar en primera persona y emprender nuevos caminos, aunque sea con pequeñísimos pasos que parecen despreciables en el presente, pero resultan decisivos en el futuro.

Quien espere el gran cambio salvífico que ponga todo en su puesto en poco tiempo sin sentirse parte activa, esperará en vano. Y sobre todo, subestimará su propia existencia: porque se desviará a sí mismo de la posibilidad de una maduración personal y profesional en el empeño de volver el mundo más humano día a día.

Son las relaciones –también en la gran diversidad de formas que éstas pueden asumir– las que nos sostienen y no nos sustituyen en nuestra libertad y en nuestra responsabilidad personal. Son las relaciones reales, curiosas e interesantes las que nos permiten superar el riesgo de volvernos mónadas [seres aislados] cada vez más desesperadas y atemorizadas, y nos llevan a redescubrirnos como sujetos libres, capaces de contribuir a una sociabilidad más creativa y unida. Así adquirimos también mayor familiaridad con un hecho tan simple como sorprendente: la calidad de nuestras decisiones depende de la calidad de nuestras relaciones, a nivel laboral, social y político.

No se construye construyendo un enemigo; se construye compartiendo conocimientos, experiencias e intentos de diálogo abierto, capaz de valorar lo que cada uno pueda traer.

Ahora está claro que el 2008 no fue el inicio de una crisis, sino un momento crucial en el cual se manifestó el final de una época y el inicio de otra. No se trata entonces de esperar el fin de una crisis, sino de participar en el inicio de una transformación. No osaría dar un nombre a este cambio de época, pero oso decir con certeza que vale la pena comprometerse cada día en su empresa, en su taller, en su obra, en su escuela, en su asociación, en su empeño político y, sobre todo, en su empeño educativo, para que cada día sea un día útil; buscando implicar la mayor cantidad de personas posibles en esta tensión ideal y operativa al mismo tiempo.

Este CDO Sharing, los distintos encuentros a nivel territorial, los momentos formativos de CDO Academy, el diálogo con las instituciones de crédito, los servicios para la internacionalización y para la colaboración a nivel europeo, el trabajo que hemos empezado con las empresas medias –por ejemplo sobre el tema de la gobernabilidad (governance)– el gran empeño de nuestras cadenas sobre temas específicos para cada sector, nuestras asociaciones profesionales –de abogados, arquitectos, médicos, educadores– el acompañamiento a la alternancia escuela-trabajo, el empeño por y con las escuelas paritarias y los institutos de formación profesional, el nuevo sitio internet y la presencia en las redes sociales –todas estas y tantas otras iniciativas de la CDO– tienen un único objetivo: sostener a cada uno en su empeño libre y responsable, en sus decisiones que con frecuencia son también difíciles y cada tanto dramáticas, a través de relaciones estables y continuas que permiten un compartir que sostiene, que provoca y que relanza siempre, cualesquiera sean las condiciones por afrontar.

También nuestra participación en el Meeting de Rímini tiene el mismo objetivo: contribuir a la posibilidad de que cada uno enriquecezca su vida con la belleza del arte, la profundidad de experiencias diferentes y la sorpresa de nuevos conocimientos.

Cuanto más se empeña uno en primera persona en la construcción de esta sociabilidad, más experimenta un enriquecimiento recíproco, personal y profesional. Y no olvidemos nunca que los lugares de trabajo son lugares privilegiados para un desarrollo verdadero y real, porque permiten a los jóvenes, pero también a los adultos que se han vuelto cínicos o amargados, hacer una nueva experiencia de sí, redescubrir la razonabilidad y la belleza de una vida que sirve.

Estoy seguro de que trabajando de este modo podemos contribuir una nueva sociabilidad que refuerce los vínculos y cree también las condiciones para una economía nueva, una economía nueva que no se vuelca reactivamente hacia aquélla existente, incrementando el malestar en lugar del bienestar, sino que busca una transformación hacia nuevas formas de producción y de comercio que hacen más presente el nexo original entre el bien de la persona, el bien del trabajo y el bien común.

Ciertamente el crecimiento del PIB no es el único criterio para evaluar la calidad de vida de un país, pero para Italia el crecimiento es obligatorio por dos razones principales: para abatir la deuda pública que absorbe ingentes recursos y para crear ocupación. Es la necesidad de nuevos productos y servicios, de nuevos procesos empresariales y de nuevos mercados. La sostenibilidad ecológica, la transformación digital, la inclusión social, la formación continua y el compartir (sharing) que valora el acceso a los bienes por encima de su posesión, se evidencian como factores de dinamismo y de desarrollo, bajo dos condiciones:

• Que las crisis inevitables que se presentan no sean silenciadas, sino afrontadas con sentido de responsabilidad, pues de otra manera se crean ilusiones que terminan en el escepticismo.

• Que la ganancia (profit) sea utilizada como instrumento para el desarrollo y no como objetivo exclusivo de las actividades económicas; de otra forma no se saldrá jamás del subsidio de la economía y, por lo tanto, de su hundimiento.

Éstas, como el resto de las observaciones hechas antes, no son imposiciones o indicaciones éticas, sino el reconocimiento de la naturaleza de la reciprocidad que caracteriza también la vida social y económica.

Esperamos que la política reduzca el peso de una burocracia sofocante y de unos impuestos no equitativos y que logre valorar en cambio a quien invierte en innovación, crea proyectos e iniciativas de utilidad social y se empeña en la formación profesional de los jóvenes. Apreciamos por tanto las nuevas modalidades de intervención que prevén incentivos automáticos para quienes se dedican y emprenden realmente, sin concursos, intervenciones u otras formas burocráticas.

El “Plan Nacional Industria 4.0” del gobierno no tiene por tanto solo un valor en sí mismo, también tiene valor como modelo para futuras acciones a fin de sostener la economía, posiblemente también en otros sectores como por ejemplo el del turismo.

En lo que respecta al bienestar, vemos un desarrollo similar: un bienestar puramente distributivo ya no es sostenible, pero sobre todo no es adecuado para el malestar de tanta gente, que no sólo tiene necesidad de servicios, sino que tiene necesidad de vínculos y lugares en los cuales poder ser auténticamente ella misma y volverse protagonista de la propia vida. En nuestras ciudades, las necesidades sociales están en crecimiento constante y las nuevas pobrezas van a aumentar las colas compuestas de tantas personas que se esfuerzan por vivir y por encontrar respuesta a las necesidades primarias. Por esto estamos convencidos del rol fundamental de las obras sociales como contextos que viven junto a la gente, crean tejidos humanos y generan bienestar comunitario. Es importante para todos nosotros mirarlos, sostenerlos para comprender su naturaleza y las oportunidades de este cambio de época, también social.

Busquemos con académicos y expertos una colaboración crítica y creativa. Que esto es posible lo estamos viendo también en esta segunda edición del CDO Sharing. En los próximos meses quisiéramos profundizar más aún en las posibilidades de trabajar con las universidades y sus centros de investigación.

Una competencia global siempre más compleja, crecientes incertidumbres políticas a nivel nacional e internacional, una aceleración de novedades tecnológicas, nuevas desigualdades y malestares sociales, una cultura cada vez más pendiente del usufructo individualista del presente y no de la construcción del futuro; estos son los contextos en los cuales vivimos y operamos y en los cuales quisiéramos crear ocupación, crear un bienestar comunitario y contribuir a la educación de los jóvenes: estas son las prioridades de nuestro compromiso asociativo.

La CDO no vive porque hay presidentes o directores o estructuras que cuidan de los servicios u otras formas organizativas. Todo esto está al servicio de una vida que depende de cada uno de nosotros, a la cual contribuye cada uno de nosotros. Nuestra compañía existe porque estás tú y con tu presencia enriqueces este nuestro “nosotros” que a su vez te enriquece a ti. Y este “nosotros” no es para reforzar un poder, sino para hacer presente un servicio para el bien de todos, sobre todo para quienes vendrán después de nosotros.

Quisiera culminar esta introducción recordándome y recordándoles a todos que cada gesto vivido con una tensión ideal tiene un significado en el presente que vale para siempre.

Gracias.